Orinando por el apocalipsis

De casi todas las enfermedades que se puede contagiar un hombre, seguro se las contagia por su mal desempeño a la hora de desenfundar la salchicha y ponerse a orinar.

Y no estoy hablando de ese dificultoso instante en el que uno se encuentra meando después de haber mantenido relaciones sexuales o quizá una secreta masturbación. Ese maldito lapso en el que el pene se revela y divide el chorro por la mitad, uno que sale para la derecha y otro para la izquierda. Y la persona, desesperada, da dos pasos para atrás, o intenta frustradamente apuntar para abajo, logrando mojar el rollo de papel higiénico, las toallas, y todas las tablas. No, hablo de momentos más simples en donde el hombre tiene tiempo y puede efectivamente pensar y hacer bien las cosas. Pero no lo hace.

Es de público conocimiento que hombre sólo se lava las manos después de orinar si hay gente alrededor. Es como para mostrarles que uno “no es tan sucio”. Muchasveces, el hombre mea y cuando se está yendo del toilette, ve que ingresa otro hombre y es ahí cuando debe re-direccionarse hacia las canillas en un breve acting à-lo-“uy, casi me olvido de lavarme las manos”. Es más, hasta a veces le sonríe al otro, como diciéndole: “Ja, ¿te pensaste que me iba de acá sin hacerlo?”. Hipocresía pura.

Cuando está en su casa, ocurre lo mismo con la famosa disputa familiar o conyugal de “levantá la tapa”. Por lo general, uno prefiere tomarse el trabajo de secar con papel higiénico todas las salpicadas, antes que levantar la tabla, aunque sea mil veces más simple. Es así: el hombre tiene sus vicios para orinar. Por eso, hay muchos que los cuidan a la hora de entrar a un baño público. El meador tímido es aquél que -teniendo un mingitorio libre- ingresa a los boxes de inodoros. Suele ser una actitud característica de los que tenemos el pene pequeño. ¿A qué se debe? Lo que ocurre es que muchas veces nos encontramos con sacudidores pornográficos. Si, esos que revolean el zochori de sobremanera, de un lado a otro. Gracias a ellos, muchos nos vemos obligados a acudir a la intimidad de los boxes.

Y es ahí donde el hombre muestra que, a pesar de todo, es un ser higiénico, ya que le resulta inevitable limpiar -con el chorrito- las frenadas que dejaron los teresos de otros cuando tiraron la cadena. A pesar de que muchos se distraen entrecortando el chorro, haciendo lo que se llama “bombucha peneana” –esto es, apretarse la punta y dejar que se acumule para que el próximo chorro salga más potente-; todos limpiamos las marcas de otros defecantes. Es solidaridad.

Pero no hay cosa peor que el descarado hombre que te cruzás en la puerta del baño que te ve y, sin ningún tipo de vergüenza, procede a secarse la mano de ambos lados en la zona del bolsillo del pantalón, y la extiende en forma de un simpático saludo. Ese tipo contribuye al veloz contagio de todo tipo de calamidades con una sonrisa en la cara.

Evitemos que la humanidad se extinga.


De: http://blogs.tn.com.ar/eldesagradable/2011/07/orinando_por_el_apocalipsis/

No hay comentarios: